Jardín de cactus de Antonio Diaz en Bonastre

Es la mejor forma de recordar a nuestro amigo Antonio. Ver las imágenes de este entorno creado por él, al que dedicó todo su tiempo desde su jubilación, para transformar  una parte de la montaña cercana a Bonastre, en el Baix Penedès, en su fantasía de crear un jardín de cactus i crasas.

Al dejar su trabajo de informático en la ciudad, se afincó en Bonastre, donde compró unas hectáreas de montaña en los alrededores. Dedicó unos 17 años de su vida, hasta su fallecimiento, a transformar parte de esta montaña en un sueño, su sueño. Interesado en botánica y con muchos conocimientos sobre muchas materias, poco a poco fue transformando este lugar en su paraíso de cactus y crasas, alrededor de 2.000 variedades, muchas exóticas, traidas por él en sus viajes por desiertos y países lejanos. Recreándose con las bellas y exóticas flores de temporada y conocedor de cada especie.

También amó la geología, las piedras, y jugó al equilibrio con ellas, haciendo algunas composiciones casi imposibles y de contrastes de colores diversos, según las tonalidades distintas de las piedras, muchas traídas de otros lugares, por él o por los amigos que sabían de su afición, cuando veían algún pedrusco curioso.  Hizo sus propias conducciones, surcadas en la montaña, para encauzar el agua de lluvia y recogerla en varios estanques. También con sus propias manos y dedicando todo el tiempo que hiciera falta, excavó caminos para moverse con facilidad por sus composiciones de cactus y rocas.

Al principio pensó en hacerse una casita de madera en el centro del jardín para habitar allí, pero para no convertirse en un ermitaño, decidió instalarse en el pueblo de Bonastre y hacer en su lugar lo que ahora es un laberinto.  Dedicó muchos dias y horas en hacer el laberinto, recubriendo los montículos de tierra con crasas y arbustos mediterráneos. En el centro del laberinto se encuentra un madroño.

Según algunos de sus amigos, lo consideraban un sabio, un sabio humilde, pues a él siempre le gustó el anonimato, a pesar de sus conocimientos y cultura. Alternaba su vida dedicada a la montaña y su obra, con sus caminatas, viajes, tertulias literarias, ajedrez…

Fue añadiendo y creando fantasías con los materiales de la madre tierra. Cerámicas que encargaba a un ceramista de la zona y un gran amigo que le llegó a conocer bien.

En el jardín proyectó cada vez más su mundo interior.